20 jun. 2017

En la orilla - Rafael Chirbes

A Esteban el comienzo de la crisis de 2008 le sorprendió en la que fue la única aventura empresarial de su aburrida vida como propietario de una humilde carpintería en Olda, un pueblo levantino un poco al interior y a tan solo una decena de kilómetros de la población costera de Misent. Cuando ya debería haberse jubilado, aportó una gran suma de dinero para asociarse con Tomás Pedrós, un especulador inmobiliario de la zona. Así que con 70 años se ve obligado a cerrar el negocio, despedir a sus empleados y esperar la resolución judicial sobre la liquidación de deudas de la carpintería. Como penitencia extra debe cuidar a su padre de noventa y pico años, cuya enfermedad le hace totalmente dependiente. Esteban toma la voz para narrar su vida: la amarga relación con su padre, el amor y admiración que profesaba a su tío, el gran fracaso amoroso que le marcó siendo joven, su renuncia a la escuela de Bellas Artes para volver a su pueblo natal a aprender el oficio de su pardre y heredar en el futuro el modesto negocio. Junto a sus experiencias iremos conociendo también los puntos de vista de otras personas de su entorno. Sus pocos amigos, con quienes pasa rato en el bar, a la cabeza Francisco Marsal, a quien conoce desde que eran críos y que nacido en buena familia, ha tenido una vida glamourosa y de éxito. Fue precisametne Francisco quién terminó llevando a Leonor al altar, su gran y único amor. También hablará Liliana, una inmigrante colombiana que le ayuda en los cuidados del anciano. Y los antiguos empleados de la carpintería; a Álvaro, el más antiguo, le han consideran un miembro más de la familia; otros llegaron con el boom de la construcción, Jorge, Julio, Ahmed. Es precisamente éste último, un inmigrante marroquí, quien nada más empezar el relato descubre un cadáver muy descompuesto en una zona pantanosa cercana a Olda. Dicho cadáver interpretará un papel discreto que será clave para entender al protagonista.

Con esta novela Rafael Chirbes consigue radiografiar más aspectos de la realidad social española usando de nuevo como telón de fondo la especulación inmobiliaria y la cultura del pelotazo a través del ladrillo. Si en Crematorio el protagonista era el arquetípico especulador de éxito salido del arroyo, que disfruta de una posición inmejorable en pleno auge del sector, en En la orilla la acción transcurre tras la crisis económica mundial, cuyo efecto más notorio en nuestro país fue la debacle en  la construcción y la explosión de la burbuja inmobiliaria. Esta vez los protagonistas son los que han salido peor parados: trabajadores poco cualificados, inmigrantes o familias con hijos pequeños que también quisieron su parte del pastel pero a quienes les salió el tiro por la culata y se quedaron con una mano delante y otra detrás.

El tono general del texto es terriblemente sombrío y deprimente, ya que el desastre que compone la vida de los personajes que la pueblan es la culminación de unas vidas dirigidas a un descalabro que se preveía inevitable ya desde el parto. Vejez, soledad , pobreza y enfermedad son el resultado de una existencia desdichada caracterizada por la ausencia de alegría, empleos aburridos y mediocres, familias capaces de anular toda ilusión, perpetuando así la miseria generación tras generación. Como viene siendo habitual con este autor, no tiene reparos en mostrarnos lo peor del ser humano, así que cada uno de los participantes en la trama es hipócrita, engreído, vanidoso, falso, avaro, mentiroso, desalmado, egoista o cualquier otra combinación de vilezas que se nos ocurra. La verdad es que estamos ante una novela despiadada cuya lectura inflinge un dolor y un desánimo espantoso. Estoy seguro de que vidas como las narradas existen por todos lados, de hecho ciertos aspectos incluidos en la trama me han resultado insoportablemente cercanos, de ahí que haya tenido que darme un descanso en un par de ocasiones porque mi capacidad de resistencia ante tanto espanto (y tan próximo) se veía superada. También influye el estilo de Chirbes, ese hilo de conciencia imparable, denso y angustioso que no te deja descansar ni un momento. Me ha parecido muy buen libro aunque en mi opinión hay que tener mucho estómago para abordarlo. Mucho. Tenéis más reseñas en El placer de la lectura, Un libro al día y La nave de los locos, que me ha parecido especialmente acertada.

14 jun. 2017

Una moral de lo minoritario - Didier Eribon

El filósofo y sociólogo Didier Eribon realiza en Una moral de lo minoritario un concienzudo análisis de las identidades marginales que se deducen de la obra de Jean Genet, de ahí el subtítulo 'Variaciones sobre un tema de Jean Genet'. Para ello, y aunque abarca todas sus obras, se centra principalmente en dos de ellas: Santa María de las Flores y Diario del ladrón. Tanto la primera como la segunda le permiten estudiar la concepción que este autor tiene de la homosexualidad por un lado y de la excusión social derivada de delincuencia por otro. El dato que quiere destacar Eribon es que ya en la época publicación de estas obras (años 1940s, aunque se basaban en experiencias que iban tan atrás como principio de los 1930s), Genet no se avergüenza de los insultos y los desprecios que recibe por ser gay o criminal, sino que antes al contrario, como mecanismo de defensa se obliga a componer una nueva subjetividad donde se muestra exhultante de orgullo por las diferencias que le marginan. Es decir, adelanta como poco en un par de décadas el concepto de 'orgullo gay' enarbolado desde finales de los 1960s en los movimientos de liberación del colectivo LGTB.

Como elementos de apoyo a su estudio, el autor francés recurre por un lado otros autores que fueron pioneros en intentar evitar, con mayor o menor éxito, que la homosexualidad fuese considerada una condena o una enfermedad, mostrando para ello un retrato positivo de la misma en sus obras: André Gide, Marcel Proust, Marcel Jouhandeau, Stefan Zweig, etc. Por otro, el pensamiento de otros filósofos y sociólogos de reconocido prestigio (Michel Foucault, Pierre Bourdieu, etc.) le permite reforzar su discurso. Una gran parte de libro se dedica a desmontar la homofobia institucionalizada en ciertas corrientes del psicoanálisis, en concreto en la denominada lacaniana (por Jacques Lacan). Creo que como idea global del espíritu del libro valdría muy bien una conclusión final de Eribon a tan solo un par de páginas antes de terminarlo:
"Ya no se trata de saber como y por qué se llega a ser homosexual, y por qué, cuando se es homosexual, no se quiere cambiar, sino considerar que serlo está inscrito por el orden social en una categoría considerada inferior, expuesta al insulto, la infamia, la abyección... No hay una etiología individual de los psiquismos que conduzca a la homosexualidad, sino estructuras poco igualitarias del orden social que colocan a determinados individuos en categorías inferiorizadas, condenadas, sometidas al ostracismo (ser mujer, ser homosexual, ser negro, etcétera), y el hecho de pertenecer a una de esas categorías produce un tipo de psiquismo que no depende de eso a lo que la verborrea psiconanalítica nos tiene acostumbrados, sino de la violencia social y de las estructuras de dominación."
Bueno todos somos mayorcitos y ya sabemos lo que pasa con los ensayos. Por lo general la rigurosidad que se les exige y supone pesan en su contra debido a las constantes referencias a obras de terceros, notas aclaratorias a pie de página, citas extraídas de otros textos, profusión de fechas, etc. La parte más puramente literaria y filosófica del libro (unos dos tercios del total) es bastante llevadera desde mi punto de vista, no solo por toda la información sobre autores y publicaciones que incluye sino por las excelentes apreciaciones sobre identidad y activismo LGTB que aporta Eribon, muy próximas a la teoría queer en tanto en cuanto no busca la asimilación de otras sexualidades al modelo heteronormativo, sino  la aceptación de las mismas sin ninguna exigencia. Sin embargo toda la parte dedicada a desmontar el ideario reaccionario del psiconálisis en general y de Lacan en particular se me ha hecho muy pesada. No puedo dejar de señalar tampoco que el ensayo data de 2001 y que quizás necesitaría una revisión. 16 años después, ciertas consignas políticas que por aquel entonces eran habituales en el movimiento LGTB y que Eribon hace suyas (a la cabeza el matrimonio homosexual) han experimentado avances considerables en Europa y más países y estados de America, incluyendo Francia. Porque si algo tiene el texto es que es muy francés. Mucho.

Por resumir un libro denso a ratos, pero interesante, ya sea por los aspectos históricos o por los filosóficos/sociológicos. El analisis que realiza de la homo/bi/transexualidad en la sociedad es difícilmente rebatible y contempla además un modelo de integración que respeta con naturalidad las diferencias que las definen. Y con esto termino porque no como no he encontrado ninguna otra reseña en la blogosfera, no os voy a poder recomendar otras opiniones.

10 jun. 2017

Seda salvaje - Eloy Tizón

Seoane Suelves tiene 34 años y trabaja en la compañia de seguros Arcadia. Se va a casar en pocas semanas con Fátima, su novia desde hace 8 años. Seoane es bastante neurótico y pasa el tiempo curioseando los objetos personales de sus compañeros de trabajo, en base a los cuales imagina sus vidas. Sus manías se descontrolan y un día decide contratar a un detective privado para que investigue a su prometida. Para su sorpresa, o quizás no tanto, su pareja lleva una vida secreta que no por inocente deja de desconcertarle en tanto en cuanto le margina, le excluye. A partir del momento en que él conoce la verdad, la relación empezará a teñirse de emociones contradictorias.

Termino de leer Seda salvaje de Eloy Tizón y no consigo decidir si es un insulto o una estafa. Algo de ambas hay. En favor de lo primero está la total ausencia de alma de la historia relatada. Nunca hubiera pensado que llegaría a decir algo así sobre un libro. Un relato sin alma. Sin trama. Sustentado por lo mismo que las obsesiones del protagonista: por nada. Tremendo. Queriendo ser magnánimo (debido a la perversa educación católica de la que malamente podré librarme nunca), quizás se podría entrever cierta intención de relato kafkiano a lo que en realidad resulta poco más que un despropósito escrito con un registro afectada y empalagosamente elevado. Algo totalmente innecesario pero que va estupendamente para lograr un intenso goce masturbatorio. Que no digo yo que esté mal, ¡líbreme dios! Sin duda resultá reconfortante e incluso terapéutico para quien lo escribe y algún que otro connosieur de los placeres solitarios que comparta ese fetichismo tan minoritario. A mí como lector sólo me ha provocado una total inhibición del deseo, una anhedonia inesperada. "Sé que no volveré a ser joven después de haber escrito esta historia.", nos dice Tizón a través de Seoane apenas comenzado el libro. Desde luego quién no volverá a ser el mismo después de haberla leído soy yo. He quedado marcado de por vida. De todas formas confío en los mecanismo de protección de mi cerebro reptiliano para que bloqueen este recuerdo en breve. Puro instinto de supervivencia.

En favor de lo segundo (de la estafa) está el hecho de que quedase finalista en el Premio Herralde de 1995. No sé si esto se debió al pésimo nivel de las novelas que aspiraron a dicho galardón ese año, o tal vez a la falta de criterio del jurado que así decidió. Claro que también prodría ser cosa mía, por supuesto. Lo que me recuerda al tan manido pretexto de uso habitual para romper con tu pareja: "No eres tú, cari. Soy yo". Algo que nadie en su sano juicio se cree ni entiende. En fin, lo mismo me da. De esta novela corta sólo me han gustado tres cosas: su brevedad y dos ocurrencias ingeniosas que sacan la cabeza de pronto en ese marasmo de prosa pedante. También es barato y es de Anagrama, con lo que queda bien en la estantería. Mira, ya son cinco. Tenéis más reseñas en Escomberoides, Cuchitril Literario y Sin ir mas lejos. En los dos primeros no convence; en el tercero yo diría que tampoco, aunque no se atreven a reconocerlo.

6 jun. 2017

Las voces del tiempo - James G. Ballard

Las voces del tiempo es una compilación de relatos cortos de ciencia-ficción de James G. Ballard. Los ocho textos incluídos datan de principios de los 1960s y en conjunto son de lo mejor que he podido leer de este autor. Los títulos son:

  • 'Las voces del tiempo'
  • 'El barrendero de sonidos'
  • 'El hombre sobrecargado'
  • 'Trece a Centauro'
  • 'El jardín del tiempo'
  • 'La jaula de arena'
  • 'Las torres de observación'
  • 'Cronópolis'
Las temáticas tratadas son las que tanto fascinaron a este autor al comienzo de su carrera, al final de la cual derivó más bien hacia aspectos relacionados con la conducta humana y la sociología. Sin embargo en este libro tenemos una mezcla muy personal de historias que transcurren extraños futuros desolados, unas veces a causa de pandemias ('Las voces del tiempo'), otras por fracasos en la exploración espacial ('La jaula de arena') o colapsos tecnológicos ('Cronópolis'). En otros relatos este escritor británico fantasea con el tiempo y la percepción, manipulándolos a su antojo ('El hombre sobrecargado', 'El jardín del tiempo'). La conquista del cosmos también sobrevuela una cruel mascarada gubernamental de tintes conspiranoides ('Trece a Centauro'). Aunque en todos ellos abundan los elementos típicamente ballardianos, los que más me han gustado coquetean con tramas algo menos habituales en su obra, ya sea una historia de amor con despecho muy sui géneris ('El barrendero de sonidos') o un desasosegante relato kafkiano ('Las torres de observación'), ambos ambientados en entornos de ciencia-ficción que son a la vez cotidianos e insólitos. En definitiva, una colección de cuentos que recomiendo por la altísima calidad y originalidad de los mismos. Curiosamente no he encontrado ninguna reseña a este volumen, ni siquiera en el Sitio de Ciencia-Ficción. Como la mía no es que sea precisamente muy elaborada, he incluído links en algunos relatos que se critican en Ballard rasante, un interesante blog dedicado a la obra breve de este afamado literato.

2 jun. 2017

Desde lo más profundo - Christopher Isherwood

En Desde lo más profundo nos acercamos a Christopher Isherwood en cuatro momentos diferentes de su vida. Se trata de por tanto de cuatro relatos cortos autobiográficos, cada uno de los cuales transcurre en países totalmente diferentes, ya que se ve que este autor fue un culo inquieto. Lo cierto es que por su extensión se aproximan bastante más a la novela corta, pero a efectos de esta reseña lo dejamos en relatos.

  • 'El señor Lancaster'. Corre 1928 y Christoph se va unas cuantas semanas a Frankfurt invitado por un pariente politico lejano que trabaja en una naviera.
  • 'Ambrose'. En 1933 y con los nazis afianzados en el poder, Isherwood y su amigo alemán Waldemar huyen de Berlín y se marchan a vivir a una isla griega. Les ha invitado Hans Schmidt, un amigo del segundo que trabaja como hombre de confianza y guardaespaldas de Ambrose, un acaudalado joven británico autoexiliado del Reino Unido.
  • 'Waldemar'. Es a finales de agosto de 1938 cuando nuestro hombre vuelve a Inglaterra, y en ruta hacia Dover se encuentra en el ferry con una antigua conocida de sus días en Berlín, Dorothy. Tras saludarse afectuosamente ella le comenta que vuelve con su prometido, que no resulta ser otro que su amigo Waldemar, de quien no sabía nada tras la aventura en la isla griega. Dorothy es una de aquellas idealistas militantes comunistras procedentes de la clase alta británica, así que prevé serios problemas con su familia cuando vean que su futuro yerno es 100% clase trabajadora.
  • 'Paul'. En 1940 el escritor británco ya se había afincado en Estados Unidos y estaba trabajando como guionista para unos estudios de Hollywood. Allí conoceremos por un lado a sus amigos, entre los cuales está el escort de lujo que titula el texto, y por otro su profundo interés en las filosofías orientales relacionadas con el autoconocimiento, que empezaban a introducirse tímidamente en la cultura norteamericana.
A raíz de leer estos cuatro cuentos no se puede negar que este autor tuvo una vida de lo más movida e interesante. Tampoco se puede decir que estén mal escritos o que se hacen pesados. Mentiría si así hiciera y puestos a engañaros, que sea por motivos más importantes que dar mi opinión personal sobre un libro. La cuestión de fondo que no hay por qué ocultar es que son muy intrascendentes; particularmente los dos primeros son poco más que las aventuras de un hombre joven bastate engreído y pedante, algo que el propio Isherwood reconoce cuando en un inciso dirigido al lector, admite que se siente muy alejado de aquél que fue años atrás. Los dos siguientes están algo mejor porque tratan también temas políticos, sociales o espirituales, además de reflejar con mucha veracidad el angustioso ambiente pre-bélico y la II Guerra Mundial una vez comenzó la contienda. En todo caso, mi impresión general es que el libro dista mucho de ser una obra maestra y por tanto, no tengo motivos para recomendarlo. Tenéis otra reseña en Una hoguera para que arda Goya, que a mí, visto el desinterés que me ha causado, me parece hinchada hasta decir basta. En todo caso ahí la dejo, que si algo no pretendo es dogmatizar con mis opiniones.

29 may. 2017

El Maximortal - Rick Veitch

En 1908 en Tungus, en la profundidad de Siberia, y tras la explosión de origen desconocido que generó un enorme cráter, se materializa una extraña mujer  dotada de super poderes. Esta super entidad femenina copula con un cazador y genera un huevo con un pequeño vástago que lanza al espacio. El huevo regresa a la Tierra en forma de meteorito diez años después, cayendo en las proximidades de Vistación, en California. Un matrimonio buscador de oro que vive en los alrededores, se acerca a ver que ha ocurrido y se encuentra con un niño de unos 10 años dentro del bólido. La mujer, que sufre visiones místico-religiosas por algún tipo de trastorno mental, adopta inmediatamente al pequeño, dándole el nombre de Wesley. El crío no pierde el tiempo y sin que sepamos el motivo empieza a decapitar a todos los habitantes del pueblo y a guardar las cabezas en un silo. El ejército logra reducirle y no volvemos a saber de él hasta que en 1943 el doctor Robert Uppenheimer (sic), jefe del proyecto Manhattan, se interesa por un pequeño cobertizo que hay en las instalaciones militares de Los Álamos, Nuevo México, donde estudia la viabilidad de la bomba atómica. Llevado allí por una premonición totalmente irracional, se encuentra con un baúl que alberga en su interior a ese pequeño monstruo hibernando dentro del recipiente original que le trajo a nuestro planeta.

Como podéis comprobar sigo manteniendo mi promesa de dar salida a los cómics que tengo acumulados leyendo por lo menos uno al mes. En mayo le ha tocado el turno a El Maximortal, otra novela gráfica sobre superhéroes que firma Rick Veitch. En esta ocasión, se trata de un homenaje al género a través de una sátira histórica sobre la génesis del personaje de Superman. De esta forma, en 1937 entran a formar parte de la trama el guionista Jerry Spiegel y el dibujante Joe Schumacher (trasuntos de los creadores del Hombre de Acero, Jerry Siegel y Joe Shuster), que venden su idea de True Man a Sidney Wallace, un mafioso editor de Cosmo Comics que los engaña como a unos pardillos. True Man resulta ser un trasunto literario del extraño superhombre recluido en Los Álamos, de hecho, algunas de las historias que idea Spiegel reflejan exactamente los planes que el gobierno de los EEUU tiene planeado este superhéroe.

Este volumen me ha parecido tremendamente anodino e insustancial. No voy a negar que la incorporación personajes y sucesos históricos reales le da cierta originalidad. También toda la crítica a la industria y sus sucias artimañas, incluyendo la estafa a los creadores o la mercantilización consumista de los personajes, resulta de interés desde un punto de vista de cultura general. Sin embargo, el hilo argumental es bastante flojo y si por algo destaca es por todos los aspectos que quedan sin explicar o por los giros sin coherencia ni justificación alguna. A modo de epílogo el propio Veitch se marca un pequeño ensayo sobre la relación entre los superhéroes de los cómics y el Übermensch de Nietzsche, donde además aclara todas las equivalencias históricas entre el Maximortal y el mito de Superman. En los aspectos gráficos, el formato es exactamente el mismo que en El Uno: tinta negra y cierto feísmo underground, aunque con menos profusión que en áquel. Para que podáis leer otras opiniones, os recomiendo que echéis un vistazo a las reseñas de Zona negativa y Entre cómics. Las dos han quedado mucho más convencidos que yo y recogen aspectos importantes que yo no he mencionado, lo cual puedo reconocer sin problema y sin tener que cambiar mi impresión global de esta obra. 

25 may. 2017

Juventud - John M. Coetzee

John M. Coetzee relata en Juventud sus años de joven adulto, cuando en 1959 y con unos tiernos 19 años dejó Sudáfrica para establecerse en Londres, dispuesto a labrarse una carrera como poeta y escritor. Sin embargo, es su recién obtenida licenciatura en matemáticas la que le permite conseguir lo que en principio parece un buen trabajo: programador de ordenadores en IBM. No está especialmente interesado en la informática, pero cree que este empleo le permitirá ahorrar dinero para poder centrarse en la literatura en un futuro muy próximo. En las oficinas del gigante americano de las -por aquel entonces- incipientes tecnologías de la información, se combinan el carácter reservado de los británicos con la frialdad innata del autor, lo cual no hace sino acentuar su soledad y aislamiento. Mientras la juventud londinense se divierte a comienzos de la loca década de los 1960s, Coetzee pasa su tiempo libre curioseando librerías, en la biblioteca del British Museum (donde aprovecha para progresar en su tesis doctoral sobre la obra de Ford Madox Ford) o en cines donde se proyectan películas europeas. Las jornadas laborales de 9 a 5 empiezan a resultarle un obstáculo para lograr su sueño de ser escritor, así que tras algo más de un año como pionero de la programación renuncia a su puesto. Pero por aquel entonces las leyes de inmigración de UK eran muy rigurosas con los extranjeros, así que tras un pequeño paréntesis de apenas unos meses desempleado se ve obligado a buscar otra ocupación remunerada si no quiere que el expulsen de las islas británicas. Es así como termina en plena campiña trabajando para International Computers, la competencia inglesa de IBM, alejado de la vida cultural de Londres y sin escribir ni un mal poema.

En la segunda parte de la autobiografía novelada del Nobel de Literatura de 2003 nos enfrentamos a sus pasiones, sus miedos e incertidumbres cuando ha de asumir que ya es un adulto y debe ganarse la vida. El objetivo de dedicarse al arte de la escritura no hace sino ponérselo más difícil, ya que ha de luchar con uñas y dientes para no dejarse llevar por la corriente, que le invita olvidar sus aspiraciones literarias y por el contrario, llevar una existencia mediocre propia de la clase media. Comprarse un coche. Casarse y tener hijos. Hipotecarse con una casa. Coetzee rechaza visceralmente renunciar a su deseo de ser un artista, pero su temperamento apocado, reservado y frío le impiden llevar la tormentosa vida de sus idolatrados modelos: Baudelaire, Picasso, Rimbaud. En su opinión, solo si consigue experimentar la vida en todos sus aspectos, especialmente los más oscuros, los más turbios, contará con las bazas necesarias para convertirse en un buen poeta, en un artista de verdad. No es consciente por tanto de que ya está inmerso en un infierno propio que está forjando su carácter como escritor. No bebe alcohol ni se droga, sus experiencias sexuales son vacías y desapasionadas, intrascendentes a más no poder. Sin embargo pelea por lo que cree, a pesar de tener frente a él a toda la sociedad invitándole a olvidar su quimera y ser uno más.

El autor sudafricano emplea un narrador en tercera persona para contar su propia historia, lo que fomenta la duda de si todo lo que leemos es cierto o tal vez, haya partes de ficción. Demuestra una vez más su gran maestría con las palabras, consiguiendo que sus frases se entiendan con total naturalidad y facilidad por más compleja que sea la idea que quiera transmitir. Pero a esto ya estoy acostumbrado, aunque no pretendo quitarle importancia, todo lo contrario; he de admitir eso sí, que reseña tras reseña repito poco más o menos lo mismo sobre su estilo. Si hay algo por lo que destaca este libro es porque Coetzee demuestra ser tener una capacidad crítica imbatible, capaz de desmantelar todas las convenciones sociales y defender con una coherencia aplastante aquello que considera justo. Y lo hace con una habilidad tal que inutiliza cualquier defensa de lo que bajo su pluma se nos revela como una gran mentira parte de un sistema de valores falso y miserable. Poco le importa que lo siga y acepte la inmensa mayoría. Temas tan diversos como el ideal de establecerse y crear una familia, la situación de su país y la idea de patriotismo, o la pasión y el amor como motores del arte son analizados y deconstruidos para poder despojarlos de su alienante poder destructivo. Y eso no es algo que pase todo los días, no al menos en los libros que me voy encontrando yo. No recuerdo haber experimentado más momentos sublimes de emoción en todo el año que leyendo esta pequeña obra maestra. Breves instantes que se prolongan solo unos segundos y en los que tengo que parar para ser plenamente consciente del placer que me proporciona lo que acabo de leer, para decirme a mí mismo que estoy ante una obra de arte. Que es exactamente lo que Coetzee se proponía conseguir cuando era un joven veinteañero. Tenéis más reseñas en Cuéntate la vida, Libros y literatura y Ni un día sin libro.
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